miércoles, 23 de marzo de 2016

Simbiosis entre artista y creación. por Yohandy Calderón (1)


La literatura siempre ha tenido un papel importante a la hora de estudiar a la sociedad y es que esta apartando sus pinceladas de ficción posibles, ofrece elementos reales del contexto en que es creada. 

La mayoría de los autores leídos me llevan a la reflexión de que sus letras se sustentan en experiencias y circunstancias; también referentes concretos transformados en imágenes artísticas. 

La obra literaria va de la mano con la vida y esto -entre tantos escritores- se aplica a la actitud de Franz Kafka ante su realidad y creación.

Podemos conocer aspectos de la vida de Kafka y de su tiempo desde su literatura.Una de las obras que nos proporciona este descubrimiento es el relato La Metamorfosis, publicado en 1915 y que narra la historia de Gregorio Samsa, un comerciante que vive con su familia a la que él mantiene con su sueldo, quien un día amanece convertido en una criatura detestable y asquerosa.

Una de las interpretaciones más acertadas parte de un proceso social en la que vive el autor de la obra antes mencionada: una sociedad autoritaria y burocrática hacia el individuo diferente, donde este queda aislado e incomprendido ante una maquinaria institucional abrumadora y monótona que ni él comprende ni esta lo comprende a él. 

Entonces, este medio dividido en clases provoca que el ser humano se vaya apartando de su propia esencia. Lo que lo define va desapareciendo y nace un sentimiento y visión interna que lo sorprende y aísla: la alienación, tema medular y bien desarrollado por Kafka en su narración. 
Este al ser víctima de estas relaciones de producción en el sistema capitalista le permitió crear personajes que fueran más allá de lo aparencial, y el lector quitándole el simple caparazón a Gregorio encontrara un cuerpo destilando sentimientos, dolores y frustraciones no solo de su creador sino de multitudes enteras.

Gregorio muere en su intento de supervivencia y tal vez aquí aflora el sentido pesimista y objetivo de que muchas veces el bien no triunfa en medio de tanto mal. 

Y es que Kafka estuvo muriendo en muchas etapas de su vida si vemos el sentido de la palabra metafóricamente. Ambos, personaje y escritor han compartido el mismo plato de la soledad de las relaciones rotas y las esperanzas desesperadas y bastante distantes de hacerse reales. 

Un trabajo que no disfrutan porque los agobia y empequeñece, el amor que no llega porque la rutina no da espacio para albergarlo, un padre fuerte, rígido y frío que no alimenta la dinámica padre- hijo sino que cultiva el aislamiento, retroceso y desprecio.

 Aquí radican puntos de partida y comunes que vinculan al autor de La Metamorfosis con Gregorio, personaje central de dicho relato. 

Kafka desde su creación literaria toma partido responsable y crítico ante el sistema capitalista que destruye a las clases desposeídas y a los cuales hace más débiles. Aspiraba a una vida más humana entre los hombres, por esta razón nos ofrece ambientes denigrantes y personajes torcidos, de estos brota su insatisfacción y lucha interna. 

La angustia que provocan sus lecturas permite una explicación más eficaz e impactante. También su técnica narrativa contribuye irremediablemente a sensaciones de agobio y desesperación para quien lee, cuestión que evidencia su magistral dominio de cuánto importa la forma en la expresión del contenido. 

En sus venas conviven arte y emociones. No tenía que imaginar para crear porque él sentía y bastaba con observar a su alrededor. 

Con el estudio de la obra kafquiana se sustenta una vez más el poder de la literatura en la formación de mejores ser humanos ya que desde esta se instruye pero sobre todo se educa.

(1) Yohandy Calderon es profesor de literatura del Instituto Ché Guevara en la provincia de Santa Clara, Cuba.
johandycg@nauta.cu

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