Un taxista conducía felizmente por las calles de Roma en agosto de 1944. Los alemanes ya se habían marchado y, aunque no tenía mucha clientela, sentía que la libertad era lo más preciado que tenían.
Al doblar una esquina con el coche, vio en la acera de enfrente a unos soldados alemanes llevándose por la fuerza a un hombre y a un sacerdote. Sin pensárselo dos veces, paró el taxi y sacó su vieja pistola de la guantera. "Otra vez, no", pensó y bajó rápidamente la ventanilla y apuntó a los nazis. Un grito le detuvo:
—¡No dispares, hijo mío!
Era el sacerdote que, con el grito, había conseguido que los alemanes dejasen de forcejear con él y con el otro hombre y se acercaba corriendo:
—¡No dispares y guarda eso, por favor! ¡Estamos rodando una película y somos todos italianos!
El sacerdote era Aldo Fabrizi, que interpretaba al cura de "Roma, ciudad abierta" (Roma, cittá aperta) y el otro hombre era Marcello Pagliero, que se hacía cargo del papel de Giorgio, líder de la resistencia.
Las cámaras y el reducidísimo equipo (staff) estaban a cierta distancia y el taxista no lo había visto.
El director Roberto Rossellini invitó al taxista a bajarse del coche y a compartir con ellos una modesta copa de vino.

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