Es el joven que proviene de la clase media, el chavo que estudia o estudió en la UVM y que no proviene de las zonas rurales, sino que radica en las capitales urbanas (Culiacán, Cuernavaca, Monterrey, Mérida, Ciudad Victoria).
¿Cómo “les llega” el crimen organizado a este tipo de jóvenes?
“Contrario a la creencia de que los niños, niñas y adolescentes son reclutados mayoritariamente a través de la amenaza e intimidación, existe evidencia testimonial de que los jóvenes son iniciados en organizaciones delictivas a través de invitaciones que les hacen llegar desde su círculo inmediato, como los familiares directos, amigos, compañeros de escuela, vecinos y pandillas de la zona en la que habitan.”(1)
Estos jóvenes tienen al amigo del amigo que es cuate del sicario.
Pero a estos jóvenes no se les impresiona con un simple par de tenis Nike; no se les ofrece ser sicarios, sino lavar dinero: “Haz tu empresa”, “asóciate con tus cuates y trabajamos juntos”, son las proposiciones tentadoras que narcotraficantes mexicanos les hacen dentro de sus universidades privadas y que la sociedad civil esta dejando pasar por alto.
Los jóvenes clasemedieros aspiran a subir de categoría soñando con formar sus propios corporativos e integrarse al sistema financiero para volverse millonarios en tiempo exprés.
Un claro ejemplo de lo anterior es Víctor Álvarez Puga, quien creció en una familia de comerciantes en Tuxtla Gutiérrez Chiapas.
El esposo de Inés Gómez Mont no se fue por el lado delictivo, no hizo su fortuna por asesinar, robar, extorsionar, secuestrar, corromper o perseguir políticos como sí lo hizo El Chapo y sus hijos; Álvarez Puga se fue por la apropiación indebida de bienes, evasión fiscal y, ciertamente, por el lavado de dinero.
https://revistacienciasinacipe.fgr.org.mx/index.php/02/article/download/842/956?inline=1



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