“Ingenuo, poco realista, no cambiaras el mundo”, le dijeron a Lukas el protagonista de esta historia.
“El mundo debe cambiar, pero alguien debe actuar.” Respondió el también fundador de “Juventud al Rescate”.
Y cuando ni ellos se lo imaginan estos jóvenes idealistas lograron transformar esta mierda de realidad llamada vida en la que estamos inmersos. Sin ningún tipo de experiencia en salvamento marítimo, organizaron una campaña de recaudación y lograron que una pareja de millonarios les comprara un viejo barco en desuso al que llaman Iuventa.
Hay una metáfora en la película:Cuando un rescatista se lanza por un náufrago que no sabe nadar, se debe tomar distancia, no abalanzarse sobre el rescatado porque su misma desesperación podría ahogar al rescatista.
La lección es siempre la misma: la angustia y el miedo de una persona en el agua acaban por hundir al salvavidas. Así pasa con el altruismo si no está bien enfocado y planeado. Te pueden dañar si no estudias tus tácticas de rescate. Es más difícil hacer el bien que el mal.
Una frase que nos recuerda los riesgos del heroísmo idealista es: “el que se mete de redentor suele salir crucificado”.
“23 000 Vidas” nos recuerda:1. Que todavía existen jóvenes idealistas sin la apatía de rendirse ante las aplastantes realidades de las que son testigos.
2. Que lo que anhelamos siempre es autopercibido de una forma en nuestra mente, pero cuando lo que imaginamos se materializa: la realidad puede ser aplastante.
4. Que los gobiernos en todos los continentes en el fondo no les interesa acabar con la migración desordenada.
5. Que la realidad es dura. Por eso algunos vivimos de y para los sueños.
Algunos aseguran que Europa está siendo destruida con la ideología del multiculturalismo, con un “caballo de troya” llamada migración africana, con un ataque por dentro de las células sociales detectado como migración musulmana. "23 000 vidas" pone el dedo en esas llagas.
La trama se vuelve también inspiración para los jóvenes tercermundistas que, a sus posibilidades, igualmente desean aportar algo a esta mierda de sociedad apacentada en el planeta.
Podemos tener esperanza: el mundo moderno posee una juventud romántica que cree podrá hacer un cambio, por lo menos, en una mínima parte.







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